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En nuestro día a día la mayoría de las personas no nos planteamos la importancia de contar con todos nuestros sentidos, vemos la visión o la audición como algo normal, pero ¿qué pasaría si nos privaran de ellos? Muchas personas carecen de alguno de estos sentidos o están impedidos físicamente, ¿nos preguntamos las dificultades y los obstáculos con los que se enfrentan cada día estas personas? Planteémonos también que no sólo poseen una difícil movilidad las personas ciegas o disminuidas físicamente por cuestiones de nacimiento, enfermedad o accidente, debemos incluir a toda aquella persona con impedimentos temporales: embarazadas, padres y madres con carritos, personas escayoladas…o incluso muchos de nuestros mayores que van perdiendo su movilidad. ¿Cómo se enfrentan estas personas a los obstáculos que presenta una ciudad?
Entremos a un comercio o un establecimiento público, muchos de ellos presentan algún tipo de barrera arquitectónica que no se resume en unas largas escaleras, un solo escalón, una superficie deslizante, una diferencia de nivel, un mostrador demasiado alto…son muchas las cuestiones que impiden a una persona con algún tipo de problema de movilidad enfrentarse a una vida diaria por pequeños “detalles” de los que la mayoría no somos conscientes. Todos los establecimientos, sean comerciales o públicos, deben ofrecer un servicio adecuado y de calidad para todas las personas. Uno de cada cinco aragoneses posee algún tipo de dificultad para desenvolverse en su día a día, ¿no es una cifra demasiado alta para no tenerla en cuenta? Cierto es que cada día son más los edificios o comercios que adaptan su estructura para facilitar el acceso. Una rampa o un ascensor es una fácil alternativa a las escaleras, pero para las personas ciegas también se debe señalizar la llegada de un tramo de escaleras, los mostradores deben ser visibles para las personas en silla de ruedas, los carteles deben estar en braille y los recursos sonoros escritos para las personas sordas. Demasiadas cosas ha tener en cuenta y poca sensibilización por parte de las instituciones y de la sociedad, ¿o no es una cuestión de insensibilización sino económico?
Pero las dificultades no sólo se encuentran al acceder a un edificio, ¿y el trayecto hasta ese edificio? Cuántas veces debemos saltar un charco, un socavón en la acera, esquivar las señales, las obras que, de manera temporal, entorpecen el paso… Para muchas personas esto es un pequeño inconveniente en el camino pero para otros muchos es una verdadera dificultad superar estas barreras. También el transporte es otra lucha. El autobús urbano en Zaragoza por ejemplo. Sólo un 36% de los buses dispone de rampas desplegables. Por ello, muchas de las personas con movilidad reducida se ven obligadas a prescindir del transporte ordinario y emplear el servicio PMRS, adaptado específicamente para este colectivo. No sufren el agobio del transporte colectivo pero no pueden contar con las líneas usuales de autobuses urbanos, ¿esto es un tipo de discriminación positiva o negativa?
También las propias viviendas se deben adaptar, aún quedan demasiados edificios antiguos que carecen de ascensor. Pensemos en la dificultad de un tramo de escaleras, ya no solamente para una persona en silla de ruedas, sino para un anciano, una mujer embarazada o unos padres con sus hijos y el carrito.
Y volvemos al eterno tema ¿quién financia la adaptación?, ¿los comerciantes deben pagar de su propio bolsillo las reformas o cuentan con ayudas y subvenciones de las instituciones?, ¿una comunidad de vecinos debe financiar las obras de instalación y adaptación?
La asociación de Disminuidos Físicos de Aragón, junto con el AYuntamiento de Zaragoza, han elaborado un estudio sobre los monumentos turísiticos del Casco Histórico y su accesibilidad.
Tabla accesibilidad
En los próximos días intentaremos responder a todas las preguntas planteadas sobre este tema, contando con la ayuda de Disminuidos Físicos de Aragón y ONCE.












